24 de maig 2009

Barcelona, ciutat castellana









Escaparate de una papelería

Es una librería-papelería en una esquina de cualquier población catalana. Dos vitrinas flanquean la puerta, bajo un rótulo (pintado sobre vidrio o en un toldo) con el nombre: Núria, La Cua Curta o Els Quatre Cantons. Pegado al cristal, luce, decorticado, un adhesivo de alguna campaña cívica, de la subscripción de un diario o un “En català si us plau”. Los escaparates exhiben las últimas novedades. Ena. La novela de Pilar Eire, La estremecedora historia de Victoria Eugenia, la esposa de Alfonso XIII, a la que nadie quiso. El hombre del baobab de David Cantero, con el lema: “África cambió su destino”. La Guía de la España misteriosa de Pedro Ambrós. Junto a ellas, algunos best sellers internacionales traducidos al español: El testamento final, de Sam Bourne, “autor de Los 36 hombres justos”; El ejército de los saris rosas de Sampat Pal, “la conmovedora lucha de una mujer por la justicia en la India”, y Forjada en cobre de Katia Frost, con un cintillo que reproduce la recomendación de David Sierra: “Una novela vital, evocadora, en la que su protagonista no sólo forja espadas sino también nuestra visión del medioevo”. En la parte inferior, unas guías de Lonely Planet y, en un rincón, los libros catalanes de más venta: El silenci de Gaspar Hernández, en versión catalana y española, la traducción de un Ferran Torrent, Sólo socios, y el libro de Jordi Amat sobre Trías Fargas.

Cuando era jovencito me gustaban los poemas de Josep Carner de Auques i ventalls que hablaban de la estatua de un príapo en un chalé, de una dama que viajaba en tranvía o del rótulo de una modista que anunciaba a las chicas novedades color de pulga. Me gustaba especialmente un poema titulado “Barcelona, ciutat castellana a l’estiu” en el que Carner evocaba el ambiente de la capital en un verano de principios del siglo XX, cuando la población se iba de campo y playa, el Paseo de Gracia perdía su civilidad y parecía Zamora. “Oh parla castellana ¿qui et feia inconeguda,/qui et feia menyspreada de la ciutat rient?/ Altívola trepitges la nostra fe caiguda/ i dónes ufanosa els teus plomalls al vent”. Desde la acera, tirado en el suelo, un ejemplar del diario El Imparcial abordaba al lector: “Un 'Imparcial' per terra masega l’aura pura,/ i qualsevol diria que el seu cruixit murumura:/ —'A la verdad, no existe el problema catalán'”.

Ahora que todo el mundo anda tan alborozado con los silbidos al Rey y con las banderas “estelades” que pasean ostentosas ante las cámaras, no hace falta más que detenerse ante el escaparate de una de esas librerías-papelerías que años atrás sirvieron de plataforma a la resistencia cultural. Allí los libros de sobrecubierta y cartoné también hablan. La calavera de cristal de Manda Scott es uno de los más locuaces y, significativamente, noventa y cinco años después del poema de Carner, recita la misma frase de El Imparcial.


Julià Guillamon, La Vanguardia (21-V-09)

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